La amistad de Eybler con Mozart le reserva un lugar en la historia, su música lo nutre

Joseph Leopold Eybler (1765–1846) puede ser un compositor desconocido a fecha de hoy, a pesar de que en su día disfrutó de una merecida reputación como maestro de capilla (Kapellmeister) de la emperatriz Maria Teresa de Nápoles y Sicilia (1772-1807), quien además le encargó la que quizá es su obra más recordada hoy en día, el Requiem en do menor (1803).

Joseph von Eybler, Litografía de Johann Stadler, 1846.
Joseph von Eybler, Litografía de Johann Stadler, 1846.
Más allá de alguna partitura que puede mantener viva la llama de su nombre, a Eybler se le recuerda por su amistad con Mozart, hasta el punto de que este último le encargó dirigir los ensayos del coro en la ópera Così fan tutte. Su participación en la finalización del Requiem de Mozart está ampliamente documentada y se conservan manuscritos con sus aportaciones, en general descartadas en la versión final de Süssmayr (1766-1803), aunque recuperadas en determinadas versión de la obra.

Única grabación existente del Requiem en do menor de Eybler a cargo de Wolfgang Helbich (2004) en el sello CPO.
Única grabación existente del Requiem en do menor de Eybler a cargo de Wolfgang Helbich (2004) en el sello CPO.
Si bien parece difícil que su obra puede ser rehabilitada hasta la cima que disfrutó en vida, resulta gratificante comprobar que a fecha de hoy su música sigue siendo objeto de interés, como lo demuestra uno de los programas del próximo Festival de Música Antigua de Knechtsteden (Festival Alte Musik Knechtsteden), donde encontramos para el concierto del 22 de septiembre una selección de números de su oratorio “Die vier letzten Dinge”, del cual hay una grabación a cargo de Hermann Max en CPO, obra que completa el concierto casualmente con el propio Max también aquí como director junto a la Quinta Sinfonía de Beethoven. Nada más y nada menos. Eybler bien lo merece.

Joseph Eybler: Die vier letzten Dinge.