Las letanías de Mozart son una delicia y bien puedes empezar a descubrirlas por este “Dulcissimun convivium”

Mozart compuso su Litaniae de venerabili altaris sacramento en mi bemol mayor, Kv. 243, en marzo de 1776, para su interpretación el 31 de marzo, Domingo de Ramos, en la Catedral de Salzburgo. Se trata de la segunda ocasión en la cual ponía en música el texto, siendo la primera de ellas su Kv. 125, moldeada en gran medida a partir de una obra similar de su padre.

Mozart compuso en total cuatro letanías, dos a la Virgen María, las Letanías de Loreto (Litaniae Laureate Kv. 109 y  195), y otras dos al Santo Sacramento o Eucaristía (Kv. 125 y 243), como la que aquí nos ocupa. Las letanías de Mozart son un ejemplo ideal del estilo musical sacro del Arzobispado de Salzburgo en su época y esta segunda es la más elaborada de todas ellas y con toda probabilidad una de sus contribuciones a la música sacra más excelentes, al tiempo que más desconocidas.

Varios son los momentos memorables que nos ofrece esta partitura, siendo especialmente destacable el movimiento “Dulcissimun convivium”, un Adndantino en fa mayor en forma de aria para soprano acompañada de dos flautas y violines en sordino.


Litaniae de venerabili altaris sacramento, KV 243 (1776)
W. A. Mozart
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Sarah Wegener (soprano)
Sophie Harmsen, (alto)
Ilker Arcayürek, (tenor)
Sebastian Noack, (bajo)

Radio Filharmonisch Orkest
Frieder Bernius (director)

Esta letanía sería la última escrita por Mozart, lo cual quizá se debe al decreto promulgado por el entonces Emperador José II limitando los servicios devocionales (de culto) y prohibiendo el uso de instrumentos en el oficio de Vísperas. La primera vez que se publicó la letanía Kv. 243 fue en 1856, en la casa editorial de Andre Offenbach.

Según tenemos noticia de ello, esta letanía fue interpretada por segunda vez después de su estreno un 23 de mayo en el Palacio de Mirabell, en Salzburgo, de lo cual hoy se cumplen 242 años y es un excelente motivo para recordar esta olvidada página musical de Mozart en su totalidad, aunque el vídeo la presenta desde el ya citado “Dulcissimun convivium”, aconsejando escuchar la obra a continuación desde el principio.