Mozart y la sinfonía núm. 25 en sol menor como muestra de la realidad frente al mito romántico

Las primeras composiciones que alumbró Mozart en su corta vida fueron creadas para teclado sólo, de forma habitual un clavecín aunque otras opciones como clavicordio o fortepiano son viables y bienvenidas, en particular siempre resulta interesante escuchar la música para tecla del siglo XVIII en un clavicordio por cuanto nos acerca a la intimidad que ofrece el instrumento, con un sonido suave que no alcanza mayor capacidad de propagación, lo cual nos ofrece una imagen más acertada del entorno y contexto en el cual se creaba este tipo de partituras, pensadas para el recogimiento doméstico, aún cuando hoy las podamos escuchar incluso en una sala de concierto.

W. A. Mozart: Sinfonía en sol menor núm.25, Kv. 183 (173db), fechada en Salzburgo, el 5 de octubre de 1773.
W. A. Mozart: Sinfonía en sol menor núm.25, Kv. 183 (173db),
fechada en Salzburgo, el 5 de octubre de 1773.
Lo que me llama la atención es la facilidad con la cual se cita una y otra vez las dotes naturales de Mozart para la composición musical desde su infancia, como si el aprendizaje basado en el estudio a lo largo de años no hubiera tenido lugar. Bien cierto es lo contrario. Durante su primera década como compositor de su pluma salieron algo más de 200 obras, incluyendo varias sinfonías, piezas de cámara, obras sacras, oratorios (de hecho aquí en realidad sólo estaría La Betulia liberata, por cuanto Die Schuldigkeit des ersten Gebots sería más bien un drama sacro), e incluso varias óperas (entre ellas La Finta Semplice, Mitridate, Il Sogno di Scipione y Lucio Silla), todo un catálogo formidable de obras que llega hasta 1773, justo cuando compone su sinfonía núm. 25.

Y es que sucede algo interesante, para cuando Mozart alumbra la sinfonía en un estilo propio del Sturm und Drang, hacía algo más de una década que no paraba de crear obras en todos los géneros. Sin embargo, a fecha de hoy podemos afirmar con gran precisión que la primera pieza de Mozart con categoría de obra maestra, la cual forma parte habitual del repertorio tanto discográfico como de concierto, es la sinfonía núm. 25 en sol menor, una de las dos únicas en esa tonalidad, siendo la otra la número 40.


De tal forma que encontramos una realidad bien diferente a la que fácilmente nos dejamos deslizar, que si bien Mozart con 10 años creaba partituras excepcionales, necesito en torno a una década de arduo trabajo y estudio con los mejores profesores de entonces -en particular en Italia serían decisivos para su formación nombres como el Padre Martini- para concebir la primera de todas las obras que que mantienen una permanente presencia en su canon particular de obras, que es como decir en el canon de la música universal.