Recordando a Paisiello quien en su día perdió y recuperó la libertad y ahora conviene rescatarlo del olvido

Nacido tal día como hoy hace 278 años en Taranto y considerándose a sí mismo napolitano hasta la médula, Giovanni Paisiello (1740-1816) tuvo una vida adornada con ciertos detalles, lances y oportunidades, cuando menos inusuales, así como muy afortunados, según de cuál hablemos. Su condición de casanova le llevó a numerosas intrigas en temas sentimentales, las cuales culminaron en su relación con la soprano Cecilia Pallini, quien se entregó a los brazos del compositor tan pronto como se conocieron, con el resultado de dar inicio a una convivencia en común de la cual se obró embarazo antes de boda.

Y dado que aquellos eran otros tiempos y dejar a la novia embarazada sin estar casados resultaba muy poco recomendable, lo que procedía era, sí o sí, casarse. Para ello existían ciertas disposiciones  a modo de coerciones, tales como amenazar al novio como fuere para garantizar boda a la mayor brevedad, al tiempo que asegurar que el novio acudiría.

Retrato de “Giovanni Paisiello”, por Louise Élisabeth Vigée Le Brun (1755–1842).
Retrato de “Giovanni Paisiello”, por Louise Élisabeth Vigée Le Brun (1755–1842).
Para calmar los ánimos Paisiello aceptó firmar en el verano de 1768 una acuerdo prenupcial con el cual certificaba su compromiso a casarse con Pallini, sin embargo poco después intentó maniobrar con excusas varias y diversas para desentenderse del mismo. La novia apeló a la vía legal para que le obligasen a respetar el contrato de casarse con ella -tal cual, como suena- y afortunada resultó por cuanto así lo decidió la corte que entendió del asunto, la cual además decretó que para garantizar que Paisiello no daría la espantada el día de la boda un 15 de septiembre, hasta esa misma fecha sería encarcelado. Dicho y hecho, con el resultado de que en tan señalado día ambos contrajeron matrimonio tras las rejas, que sólo después de oficiada la ceremonia le fue permitido al ilustre compositor abandonar la prisión.

Este incidente le llevó a una relación musical con la Corte un tanto distante, de tal suerte que buscó fortuna por otros lugares que le llevaron al San Petersburgo de Caterina II, en 1776. Napolitano como era decidió volver a Nápoles hacia 1783, cuando el Rey Ferdinando de Nápoles lo nombró compositor de la Corte. Aún en las Rusias, Paisiello en un primer momento se dedicó a enviar las primeras partituras por correo.

Finalmente llegó a Nápoles cuando el año 1784 enfilaba los últimos meses después de haber hecho larga escala en Viena, donde disfrutó de la muy extraordinaria compañía de Mozart. En 1787 el Rey lo nombró de forma adicional maestro della real camera, lo cual le ubicaba en situación de gestionar toda la música secular de la Corte y añadía aún más monedas a su ya respetable sueldo, convirtiéndose de esta forma en uno de los músicos mejor pagados. Curiosamente hacia 1796 fue nombrado maestro de capilla de la Catedral de Nápoles, lo cual le alejó definitivamente de los teatros para alumbrar todo un seguido de obras sacras.

Entrada del aria “Schon lachte der holde Frühling”, Kv. 580, en el diario de Mozart, para su inclusión en una representación en lengua alemana de la ópera de Paisello “Il barbiere di Siviglia de Paisiello”, destinada a Josepha Hofer (1758-1819), cuñada de Mozart (primera inscripción en ambas páginas, fechada el 17 de septiembre de 1789).
Entrada del aria “Schon lachte der holde Frühling”, Kv. 580, en el diario de Mozart, para su inclusión en una representación en lengua alemana de la ópera de Paisello “Il barbiere di Siviglia de Paisiello”, destinada a Josepha Hofer (1758-1819), cuñada de Mozart (primera inscripción en ambas páginas, fechada el 17 de septiembre de 1789).
Sumando más cargos en enero de 1799 fue nombrado maestro di cappella nazionale, aunque según él no quería dicho puesto, cosas que pasan, sucede que para entonces fuerzas republicanas italianas y francesas habían tomado el control de Nápoles y el Rey huido andaba. En junio de ese año las tropas del Rey había capturado de nuevo la ciudad y Paisiello se encontró bajo investigación por actividades subversivas en temas republicanos, lo cual provocó que fuera cesado en todos sus cargos, hasta que dos años después se ordenó rehabilitación.

Por si fuera poco, en medio de todo ello Napoleón se había fijado en Paisiello y sentía la suficiente admiración por el compositor como para ofrecerle ir a París y tomar posesión de otro cargo más, maître de chapelle, lo cual hizo con permiso del Rey. Fuera como fuese, en 1804 deseó volver a Nápoles y le fue concedido, aunque pronto tendría noticias de sus amigos franceses por cuanto en 1806 las tropas de Napoleón invadían Nápoles y Paisiello era nombrado máximo responsable de todo el tinglado musical de la ciudad.

Quiso el destino que Napoleón se desfondase como bien se sabe y el Rey de nuevo recuperó la ciudad de Nápoles en 1815, lo cual causó nuevos quebraderos de cabeza a nuestro ajetreado compositor. Se dice que fue de nuevo cesado de todos los cargos, excepto el de maestro de capilla, para luego beneficiarse de una amnistía que le rehabilitó en todo ellos. En sus últimos meses, cuando ya no componía nuevos obras para la capilla del Rey, se dedicaba a recuperar aquellas compuestas tiempo atrás, curiosamente para Napoleón y su familia.

Entre medio de todo ello, tuvo tiempo para componer más de cien óperas, decenas de cantatas, oratorios, pasiones, misas, surtido de obras sacras, motetes, conciertos, y más. Y como ya se ha indicado, en Viena anduvo y deambuló con Mozart, quien compuso el aria “Schon lachte der holde Frühling”, Kv. 580, para su cuñada Josepha Hofer (1758-1819) a intercalar en una representación en alemán del “Barbero de Sevilla de Paisiello”, la cual aquí y ahora vamos a escuchar en fabulosa versión de Sabine Devieilhe.


Schon lachte der holde Frühling, Kv. 580
W. A. Mozart
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Sabine Devieilhe, soprano
Raphaël Pichon, director
Pygmalion
2015