Recordando a Voříšek y su breve existencia mundana con una de sus últimas obras, que además es una misa

Nacido en Vamberk, una pequeño municipio el noroeste de Bohemia, sólo unos meses antes de que Mozart nos dejara, Jan Václav Hugo Voříšek (1791-1825) comenzó de muy pequeño a estudiar en Praga con los jesuita en 1802, para luego ampliar en 1806 con los mismos en temas de música, de tal suerte que ya se aplicaba por entonces al órgano en la escuela. Sin embargo entre 1810 y 1813 optó por estudiar filosofía, estética y matemáticas en la Universidad de Praga, para luego deslizarse hacia los estudios de derecho, licenciatura que no consumó.

Jan Václav Hugo Voříšek, por Godefroy Engelmann (1788–1839).
Jan Václav Hugo Voříšek, por Godefroy Engelmann (1788–1839).
Fue alumno del ilustre Václav Jan Křtitel Tomášek (1774-1850), compositor que pasó toda su vida atrapado en el clasicismo mozartiano, quien le dio clases de piano y luego de teoría musical, aunque en esto ultimo sólo hasta el acorde séptima.

En 1813 se trasladó a Viena en principio con la intención de estudiar de nuevo derecho en la Universidad de la capital austriaca, cosa que hizo y la cual, por segunda vez, tampoco consumó por cuanto la música seguía siendo su principal motivación. En Viena se lanzó a una extraordinaria carrera como pianista obteniendo gran éxito e incluso palabras de halago procedentes de Beethoven, al cual visitó en varias ocasiones. Por su parte, quien sería gran amigo de Voříšek en Viena no era otro que Schubert.

Habitual de los conciertos privados en salones vieneses, su lado emprendedor le llevó a probar suerte instituyendo los suyos propios en domingo, donde también se interpretaban cuartetos de cuerda de Mozart, Haydn y Hummel entre otros. De hecho en torno 1816 habría sido alumno de Hummel, el cual al marchar a Londres cedió todos sus alumnos a Voříšek.

Václav Jan Křtitel Tomášek (1774-1850).
Václav Jan Křtitel Tomášek (1774-1850).
Aún con todos los éxitos que recogía, Voříšek decidió dedicarse a algo más estable -ya entonces por lo que parece la vida de música era como hoy en día- y optó por hacerse funcionario en 1822, cuando por fin se licenció a tal efecto en derecho. Sin embargo ese mismo año y sólo unos después el puesto de organista asistente de la Corte quedó vacante y su solicitud fue aceptada, de tal suerte que su trayectoria como funcionario resultó fugaz.

Mientras todo ello sucedía y acontecía, su salud nunca había sido su mayor activo y achaques por todos los flancos le acorralaban cada año un poco más. En 1824 parece claro que estaba enfermo de tuberculosis lo suficiente como para solicitar una dispensa de sus funciones en la Corte y al año siguiente su existencia se disipó a los 34 años, uno menos que Mozart. Poco antes había completado su obra última obra importante, la misa en si bemol, creada para la Corte, la cual recuerda en cierta medida a las obras del mismo género salidas de la pluma de Schubert.

Si bien la obra no es precisamente contrapuntística, atención debida se prestará a la parte final de Credo, por cuando ahí encontramos una de las pocas fugas presentes en la obra subrayando la importancia del texto “Et vitam venturi” (Vida del mundo futuro). El Agnus dei ofrece un diálogo entre dos violas que nos acerca poco a poco al final de la obra en un tono sereno y reposado, casi como quien eleva plegaria susurrando al Altísimo.

El mismo día que se cumplen 226 años de su nacimiento, y justamente a la memoria de su alma y en recuerdo a sus servicios a la música, procedemos sin más a escuchar la misa que alumbró poco antes de ser usurpada su presencia, por cuanto ahí, en esa misa, Voříšek aún vive.


Missa solemnis en si mayor, Op. 24
Jan Václav Hugo Voříšek
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Musica Florea
Marek Štryncl, Director