Sir Lennox Berkeley en referencia a la música serial, ¿qué dijo exactamente?

De la misma forma que en la música de Luís de Pablo no se advierten muchos elementos de lo que podríamos llamar cierta tradición española, con las obras de Sir Lennox Randal Francis Berkeley (1903-1989) sucede lo mismo, por cuanto a diferencia de compositores típicamente ingleses como Elgar, Vaughan Williams, o sus contemporáneos Walton y Tippett, Berkeley está en otra tesitura estética que se nutre más de lo aprendido en Francia con Boulanger, al tiempo que de sus encuentros con Ravel, así como de su admiración por Faure y Stravinsky. Todo muy neoclásico, al igual que su lenguaje musical, el cual evolucionó hasta encontrar su propio camino, no sin antes guardar varias partituras de juventud en el cajón por cuanto no terminaban de convencerle, algunas de las cuales quiso el devenir fueran encontradas y publicadas.

Sir Lennox Randal Francis Berkeley (1903-1989).
Sir Lennox Randal Francis Berkeley (1903-1989).
Y a pesar de todo ello, en los años 60 nos encontramos a Sir Lennox tonteando con las series de doce tonos por aquí y por allá, a veces como no queriendo que se note mucho como en su sonata para oboe y piano op.61 (1962), o en el movimiento lento de su concierto para violín op.59 (1961), así como de forma más expuesta en la sinfonía núm.3 (1969).

Vamos a recordar qué dijo Sir Lennox en dos ocasiones separadas por once años hablando acerca de la música serial, primero en 1948:
Nunca he podido obtener mayor satisfacción de la música atonal. La ausencia de tonalidad hace que la modulación sea imposible, y esto, en mi opinión, causa monotonía. No veo de qué manera es posible reemplazar la sensación de frescura que puede producir un cambio de tonalidad creado de manera musical. Naturalmente, no estoy a favor de adherirme rígidamente al viejo sistema de tonalidades, pero me parece que es necesario algún tipo de centro tonal. Mucha de la música atonal está, sospecho, elaborada en la cabeza sin que el compositor la haya escuchado realmente, y aunque el elemento intelectual de la música es importante, el oído debe ser lo primero. Así, la armonía tonal se basa en ciertos hechos matemáticos que causan satisfacción auditiva, mientras que el sistema de doce notas, por ejemplo, es arbitrario. Una correspondencia en vibraciones produce la relación entre tónica y dominante, pero no veo que ninguna razón en particular determine el orden de las notas en una "fila". Mi oído puede no ser lo suficientemente sensible, pero no siente la necesidad de la nota inicial de una serie, una vez que han sonado los doce tonos, y tampoco desea el regreso de la "fila" original después de que se hayan utilizado los demás, ¡lo único que desea en ese momento es que todo termine!
Y más tarde en 1959:
No me opongo en absoluto a la música serial; me he beneficiado de estudiarla, y algunas veces me he encontrado escribiendo temas seriales, aunque no los elaboro de acuerdo a estrictos principios seriales, porque definitivamente soy un compositor tonal.
Al margen de que parece clara una evolución hacia un lenguaje serial -si es que a eso se le puede llamar así- hay un aspecto interesante en el comentario de 1948 cuando glosa su opinión sobre el hecho de que la música serial es en esencia intelectual -el compositor no la escucha en su cabeza- mientras que él favorece la experiencia sensorial en primer lugar. Y por mi parte concurro con tal veredicto.

En el día que se cumple el 115 aniversario de su nacimiento, vamos a servirnos una muestra de la música que Berkeley creo antes de sus vaivenes con la cosa serial, de tal suerte que el año 1935 es en este aspecto lugar seguro -incluso demasiado seguro por cuanto aún le daba por esconder partituras de esa época- y procedemos con mesura y tino a escuchar el cuarteto de cuerda núm.1 op.6: