Yuri Ahronovitch y la concentración como deferencia al respetable antes de salir a escena

Yuri Ahronovitch (1932-2002), de nacimiento soviético y desde 1972 de adopción israelí, formado en el Conservatorio de Leningrado con maestros como Sanderlin y Rakhlin, fue director de orquestas de tan notable relevancia como la Orquesta Sinfónica de la Radio de Moscú, para luego dirigir la Filarmónica de Israel así como realizar conciertos con la Filarmónica de Nueva York y en el Covent Garden, para terminar al frente de la Orquesta Filarmónica de Estocolmo entre 1982 y 1987, precedido por Gennadi Rozhdestvensky y con Paavo Berglund como sucesor, la misma orquesta que entre 1955 y 1964 había dirigido Hans Schmidt-Isserstedt, al cual hace poco recordamos.

Yuri Ahronovitch (1932-2002).
Yuri Ahronovitch (1932-2002).
Sus grabaciones se orientan al repertorio de su Rusia natal, incidiendo en obras no del todo conocidas en muchos casos, habiendo realizado grabaciones para sellos como Deutsche Grammophon, Decca, Melodiya e incluso el sello sueco BIS.

Sinfonía núm. 5 de Shostakovich con la Orquesta Filarmónica de Estocolmo, bajo la dirección de Yuri Ahronovitch, en el sello BIS.
Sinfonía núm. 5 de Shostakovich con la Orquesta Filarmónica de Estocolmo, bajo la dirección de Yuri Ahronovitch, en el sello BIS.
Para conmemorar el 86 aniversario de su nacimiento bien podemos traer al recuerdo cualquiera de sus grabaciones, donde exhibe un sentido de la dirección intenso, subrayando contrastes y dinámicas, al tiempo que concediéndose ciertas licencias que ofrecen como resultado lecturas orquestales poco o nada previsibles. Lo mejor es escuchar sus grabaciones, desde luego.

De todas formas me apetece recordarle en un fragmento de vídeo de sólo dos minutos justo antes de salir al escenario para dirigir la Sinfonía núm. 7 de Shostakovich con la Filarmónica de Estocolmo, en el cual se escucha cómo le llaman a escena -¡Maestro!- y cómo procede a una fugaz mini sesión de concentración en sólo unos segundos, para luego darlo todo ahí afuera. Lo mejor es verlo, desde luego.